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El protocolo

 

El protocolo de Hers, se convirtió en piedra angular de un movimiento europeo de los Nouveaux Commanditaires

La modo de trabajo de Concomitentes remonta a una idea del artista belga François Hers. En 1990 propuso una metodología, a través de la cual grupos de ciudadanos y artistas pueden trabajar juntos en igualdad de condiciones y de devolver el arte contemporáneo a la vida cotidiana.

Su protocolo, que describe de cómo generar un arte vinculado a la sociedad civil se convirtió en piedra angular de un movimiento europeo de los Nouveaux Commanditaires, al que se adscriben cada vez más personas: profesionales del arte y ciudadanos rasos, alcaldes y artistas, jóvenes y científicos, ...

El protocolo regula los roles y las responsabilidades de todos los involucrados, que se unen para crear una obra de arte que se genera a través del diálogo.

     

    "El Protocolo de los Nouveaux Commanditaires define los roles y las responsabilidades de los agentes implicados en procesos colectivos de producción de obras de arte, en todas las áreas de la creación.

    · Este Protocolo brinda a cualquier persona que lo desee —sin excepción e independientemente del lugar, de manera individual o colectiva— los medios para asumir el encargo de una obra a un artista. A los promotores de esta obra de arte les corresponde comprender y expresar una razón de ser del arte, así como determinar la implicación de la colectividad en su creación.

    · Propone a los artistas inventar formas para responder a las demandas de la sociedad y, por lo tanto, aceptar el reparto de roles que hace que la creación artística se vuelva una responsabilidad colectiva y ya no solamente una cuestión privada.

    · Propone que los mediadores, cuyo rol es establecer lazos entre las obras y el público, también vinculen a las personas: el artista, el comitente y, más ampliamente, a todos los actores sociales implicados.

    El mediador organiza la cooperación. Aporta los conocimientos necesarios en la elección del medio y del artista, así como las competencias que aseguran la producción de la obra, velando tanto por las exigencias del encargo como por las de la creación.

    El mediador, en su faceta de productor de una obra de arte pública, puede también tener en cuenta la iniciativa de unos artistas, cuando considera que ésta podría responder a una situación contemporánea.

    · Invita a los representantes políticos, a los mecenas y a los responsables de organismos públicos o privados a contribuir al desarrollo de una “democracia de la iniciativa”; y a asumir una mediación política que permita la inscripción de la obra en la comunidad a la que se destina. También puede asumir personalmente la responsabilidad de un encargo que responda a una necesidad colectiva.

    · Insta a los investigadores, desde sus diferentes disciplinas, a contribuir al reconocimiento de la necesidad del arte, a poner en perspectiva las acciones desarrolladas y a elaborar una comprensión de sus contextos y desafíos que se pueda difundir ampliamente.

    Comprometiéndose en una repartición igualitaria de responsabilidades, el conjunto de agentes acepta gestionar, a través de la negociación, las tensiones y conflictos inherentes a la vida pública en democracia.

    La obra de arte, así convertida en un actor de la vida pública, ya no es únicamente la expresión emblemática de una sola individualidad, sino de personas decididas a “hacer sociedad”, otorgando un sentido común a la creación contemporánea.

    Financiada a través de subvenciones privadas y públicas, la obra pasa a ser propiedad de una colectividad y su valor se determina ya no por el mercado, sino por el uso que esta colectividad hace de ella y la importancia simbólica que le otorga."

    François Hers, 1990