Diario

Lo que falta

Alfredo Escapa Presa

Foto de Burru Comunicación.

Reflexiones sobre la construcción de relatos tras la inauguración de Cuévana

Construir un relato, normalmente, significa negar otro. De esta manera se crean identidades en las que, por definición, alguien queda fuera del marco.

Recorriendo Barruelo de Santullán con las comitentes (y lo digo en femenino, porque tras más de un año y medio de trabajo en el territorio son ellas las que han tomado las riendas este grupo humano), es evidente la identidad que se ha querido imprimir durante años en el pueblo: la vida, dolores, trabajos y muerte del minero. 

El mito del minero Hombre (con h mayúscula de Héroe) acapara cada esquina de este pueblo y de prácticamente cualquier lugar donde el trabajo masculino transformó el territorio con el empuje del progreso en los siglos XIX y XX. Pero, fuera de esa narración, quedan historias lideradas por mujeres, que no solo hablan de sustento y cuidado a esos trabajos, sino que nos cuentan de ellas y de sus formas de habitar el mundo a partir de sus posicionamientos políticos, de sus goces o de sus propios trabajos.

La herida (la secuela) que estas mujeres sienten que debe ser reparada en Barruelo de Santullán tiene que ver con esta falta. Con este vacío en los que las imágenes y palabras de las mujeres siguen estando negadas como parte fundamental de la historia y de la construcción contemporánea del lugar. Porque para ellas reparar la tierra no solo consiste en re-naturalizar, como ya se hiciera, la escombrera que existía a la entrada del pueblo y, de esta manera, suturar sin anestesia lo que la empresa que explotó la tierra y las instituciones hicieron a lo largo de decenios. Para este grupo, reparar la tierra tiene que ver, entre otras cosas, con tener en cuenta, con escuchar a las vecinas y así comenzar a poner la atención en ellas y en este territorio que ellas conocen, cuidan y disfrutan. Con aquello que es el hogar de todas.

Prácticamente desde que comenzamos “Secuelas energéticas”, nos ha atravesado una frase que dijo Geles, una de las comitentes, en una sesión de mediación: “Más de la mitad del pueblo está construido sobre el escombro de la mina”. A partir de estas palabras se han generado dinámicas en las que, de alguna manera, se vinculaba esa construcción del pueblo sobre el escombro con cómo se sentían ellas sustentando ciertos relatos y, a la vez, siendo ninguneadas como el escombro, como si fueran agentes de menos importancia que otros de Barruelo de Santullán.

Cuévana, la obra de Todo por la Praxis.

Cuando las comitentes convocan a TxP (Jo Muñoz y Diego Peris) como artistas para plasmar sus deseos, problemas e inquietudes, ponemos sobre la mesa tanto lo que falta (como decía Jorge Oteiza, el hombre se define por lo que le falta) como el escombro. Ambas entendidas no como queja, sino como reivindicación.

Con estas ideas, Todo por la Praxis comenzaron a trabajar desde una escucha profunda, no sólo con las comitentes sino con el resto de vecinas que quisieron participar en esta fase. La idea de los artistas era dar voz a las que se les había negado, desde el escombro para ser visibles y escuchadas. Y desde donde continuar construyendo comunidad e historia.

Y, para hacerlo, teníamos que continuar juntándonos. Así, desde dos semanas antes a la inauguración, nos hemos encontrado en la escombrera para seguir reivindicando ese relato. Y lo hemos hecho tejiendo conversaciones dentro del espacio que Todo por la praxis ha creado. Un espacio que los artistas, las comitentes, el mediador y muchas vecinas/os de la zona hemos ido construyendo/tejiendo y que recuerda a los cuévanos. Esos cestos que usaban hace años las vecinas para recoger los desechos de carbón de la misma escombrera donde está ahora ubicada la pieza.

Jo Muñoz y Diego Peris (TxP) recordaban, el día de la inauguración, el libro de UrsulaK. Le Guin “La teoría de la bolsa de la ficción”. Y, pensando en esa referencia, creo que la pieza que han creado, Cuévana, es un relato como propone K. Le Guin: una bolsa que recoge relatos que sirven para reparar, no sólo, el relato negado a las mujeres, sino cualquiera de los que se han impuesto a estos territorios a los que únicamente se le ha extraído vida.

El día anterior a la inauguración, ya nerviosas por lo que de exposición pública tienen estos eventos, Paula (otra de las comitentes) nos escribía un mensaje: “Es como si los escombros se hubieran vuelto a erigir”. Y eso ha sucedido tanto a nivel visual, ya que la pieza creada por TxP recuerda en cierta manera a una de las dunas que existían en la escombrera antes de su renaturalización, como a nivel metafórico, porque estas mujeres que han participado se han erigido sobre los relatos de abandono y catastrofismo que la sociedad contemporánea les ha impuesto.

El día 3 de octubre fue la inauguración, y una fuerte tromba de agua nos acompañó mientras caminábamos hasta “Cuévana”. Ya empapados de agua hasta los huesos, allí nos empapamos de cariño, de emociones, de sonrisas, de palabras y de la sabiduría y la fuerza que destila este grupo de comitentes.

Momentos de la inauguración de Cuévana el pasado sábado 3 de octubre.

Todas las fotos son de Burru Comunicación.