Así fueron las Jornadas Enredadas. Comunidades deseantes
Fotos de Julia Reoyo, de Kairós Foto Studio
Dos días para pensar cómo el deseo compartido puede convertirse en una forma de organizar la vida y sostener las resistencias
Hay encuentros que sirven para compartir proyectos y otros que, además, consiguen alterar durante unos días la forma en que pensamos, hablamos y nos relacionamos. Las segundas Jornadas Enredadas, Comunidades deseantes, fueron una de esas ocasiones.
Durante dos días nos reunimos en Valencia para preguntarnos qué significa desear en común en un momento en el que el deseo parece cada vez más capturado por la lógica de la productividad, el consumo y el individualismo. Nos interesaba pensar el deseo no como algo íntimo o privado, sino como una fuerza política capaz de sostener comunidades, abrir futuros y organizar resistencias.
La primera jornada, celebrada en el IVAM, comenzó con una conversación entre Fran Quiroga (Concomitentes), Lucía Casani (Fundación Daniel y Nina Carasso), Mijo Miquel (UPV) y Kristine Guzmán (IVAM) sobre cómo enredar instituciones, universidades, artistas y colectivos para construir formas de colaboración capaces de sostenerse en el tiempo.




A continuación, Belén Gopegui abrió el encuentro reflexionando sobre la literatura, la inteligencia artificial, la vigilancia y la militancia, recordándonos que la felicidad también puede encontrarse en hacer cosas con otras personas, en compartir luchas y construir colectivamente.



Después llegó uno de los momentos más ritualísticos de la jornada. Guiadas por Graham Bell Tornado, celebramos nuestra Primera Procomunión Deseante, un descanso performativo tan festivo como irreverente en el que nos dimos la paz, nos perdonamos mutuamente y recordamos que también el humor, el juego y el afecto pueden ser herramientas para construir comunidad.





La tarde continuó con una conversación entre Núria Güell, Anaïs Florin y Wenceslao García Puchades sobre los deseos emancipadores como sueño colectivo. Anaïs mostró cómo el archivo puede convertirse en un espacio desde el que descubrir que nunca hemos luchado solas: recuperar las huellas de quienes desearon antes que nosotras permite imaginar genealogías compartidas y entender que los deseos también se heredan. Núria compartió algunos de sus proyectos artísticos, realizados desde las grietas administrativas y legales, para cuestionar normas aparentemente inamovibles, defendiendo la importancia de crear espacios de escucha colectiva incluso hacia quienes preferiríamos no escuchar. Wenceslao puso sobre la mesa una de las tensiones que atravesó todo el encuentro: vivimos en un sistema que constantemente nos habla del deseo mientras nos aleja de aquello que realmente podríamos llegar a desear en común.

La última mesa reunió a Miriam del Saz y Chiara Sgaramella, de CuerpoTerritorio, Las Jamaiconas y Antonio Gómez Villar para pensar cómo activar lo común desde prácticas muy distintas. Miriam y Chiara presentaron Connexions metabòliques, el proyecto que desarrollan en l’Horta valenciana, desde donde reivindican la necesidad de materializar presentes habitables que no destruyan las condiciones sociales y ecológicas que los hacen posibles. Las Jamaiconas hablaron de la cocina como una práctica de mediación capaz de sostener lo común, cuidar vínculos y fermentar posibilidades. Antonio Gómez Villar cerró la conversación proponiendo una imagen sugerente: el deseo emancipador nunca es puro ni perfecto, sino un deseo atravesado por contradicciones, contaminaciones y grietas.

La jornada concluyó con una relatoría a cargo de Fran Quiroga mientras Javier Lozano iba traduciendo las conversaciones en una relatoría gráfica, transformando conceptos, preguntas e intuiciones en un mapa visual que consiguió capturar el espíritu del encuentro y las conexiones que fueron apareciendo a lo largo del día.

El segundo día abandonamos el auditorio para recorrer algunos de los territorios donde las concomitancias de Concomitentes están tomando forma.
La primera parada fue Parke Alcosa. Allí, junto a Massa Salvatge, el Kolectivo Jóvenes Parke y Reyes Pe, caminamos por un barrio donde la reivindicación de un parque se convierte también en una defensa del derecho a imaginar y construir colectivamente el lugar donde vivimos.



Después nos trasladamos a la huerta de La Font Baixa. Integrantes de Per l’Horta, junto a Miriam del Saz y Chiara Sgaramella, compartieron las luchas por la protección de un territorio cuya importancia no es únicamente agrícola, sino también ecológica, alimentaria y comunitaria. Defender la huerta es también defender formas de vida que resisten frente a modelos extractivos y especulativos.




La siguiente parada fue Algrà, donde Paloma Navarro compartió la experiencia de los Comités Locales de Reconstrucción y Kevin Buckland, la de La Casa dels Futurs. A partir de la reciente experiencia de emergencia vivida en el territorio, hablamos sobre autoorganización, cuidados y la capacidad de las comunidades para responder cuando las instituciones no llegan.


Las jornadas terminaron alrededor de una mesa y de la música. Compartimos una cena preparada por Al Paladar y cerramos estos dos días con el concierto de PALMER, celebrando que pensar juntas también implica comer, bailar, conversar y seguir imaginando futuros posibles.




Más que ofrecer respuestas definitivas, Comunidades deseantes nos dejó nuevas preguntas, complicidades y la certeza de que el deseo, cuando se construye colectivamente, puede convertirse en una herramienta para sostener la vida y ensayar otras formas de estar juntas. Porque, quizá, querer juntas ya sea una forma de resistir.
