×
Copiar URL
Entrevista 07.04.2021

“Una biblioteca puede estar en cualquier parte”

Foto de Galerna.
Javier Pérez-Iglesias y Amelia Valverde en la Facultad de Bellas Artes de la Complutense.

Entrevista a los comitentes de la Biblioteca de la Facultad de Bellas Artes de la Complutense, Javier Pérez-Iglesias y Amelia Valverde.



Mientras el espíritu de las bibliotecas late en las páginas de sus libros, el alma de la biblioteca de la Facultad de Bellas Artes de la Complutense la encarnan su director, Javier Pérez-Iglesias, y su subdirectora, Amelia Valverde, comitentes de nuestra concomitancia madrileña. A través de un recorrido, que ya dura casi cuatro años, ambos han conformado, junto a la mediadora, Julia Morandeira, el sueño de proyectar el potencial de encuentro y conocimiento que guarece este entorno bibliotecario dentro del campus de la Complutense. ¿Cómo ha sido este camino y en qué punto se encuentran? Ambos nos lo relatan en esta entrevista.

¿Qué es para vosotros esta biblioteca?

AMELIA: Para mí esta biblioteca es un sitio esencial de la facultad, donde aprendemos, estamos abiertos a todo e intentamos ilusionar a todos los que entran, aunque no siempre encuentren lo que venían a buscar.

JAVIER: Para mí la biblioteca es un lugar de encuentro y de contaminación entre personas distintas, pertenezcan o no a la institución de la Complutense. Es un lugar donde no sólo vienen a buscar información, que parecería lo propio de una biblioteca, sino un sitio donde también se viene a hacer, a crear y, sobre todo, a ofrecernos servicios y experiencias que podemos desarrollar aquí. La biblioteca es una fisura dentro de la institución.

¿Cómo definís, dentro de esta fisura, vuestro proyecto bibliotecario?

A: La entiendo como un servicio dentro de la universidad, un servicio público. Yo siempre pongo por delante todo lo que es de interés para todo el que entre aquí.

J: Somos un lugar que deja que entre el afuera, y que permite también que la facultad vaya a otros sitios que interesan a la sociedad y a la comunidad. Yo veo el papel de la biblioteca dentro de la universidad como un lugar de recursos y un lugar del "aprender haciendo" en todos los sentidos.

¿Cómo se os presenta la oportunidad de ser comitentes?

J: El momento de encontrarnos con Concomitentes tiene que ver con nuestra relación con la Fundación Carasso, que son quienes inician el aterrizaje de Nouveaux Commaditaires en España. A partir de ahí, tanto desde la Fundación como desde la biblioteca vimos que podíamos encajar en un proyecto así. El siguiente paso fue conectar con nuestra mediadora, Julia Morandeira, y, a partir de ahí, empieza a ocurrir todo.

Habéis creado una comunidad entorno a la biblioteca con la que colaboráis. ¿Cómo activáis este grupo?

J: Algo que vimos clarísimo desde el principio fue que tenía que ser un proceso colaborativo, necesitamos escuchar y trabajar con la comunidad a la que atendemos. Entonces creamos un grupo de trabajo, el Ranganathan, que debe su nombre a un bibliotecario indio que definió las cinco leyes de la biblioteconomía. El grupo de trabajo está conformado por personas que pertenecen tanto a la comunidad universitaria, -estudiantes, investigadoras, profesoras, o representantes de la comisión de biblioteca-; como gente de fuera de la universidad, que forma parte del mundo de las bibliotecas o del mundo del arte que se relaciona con nosotros.

¿Cómo valoráis ese proceso de Ranganathan y cuáles son las principales conclusiones e ideas que habéis extraído de esta experiencia?

A: Es una oportunidad estupenda para la biblioteca, porque es una manera de proyectarla, de colaborar con muchísima gente, de abrirnos, que ya lo hacemos habitualmente, pero de esta manera lo hacemos todavía con más fuerza. En definitiva, es una forma más de darle sentido a la biblioteca.

J: Ha sido abrir la puerta a la oportunidad de tener un trabajo colaborativo en la biblioteca, de que ese "adentro-afuera" sea una realidad y podamos proyectarnos hacia la sociedad y hacia nuestros propios habitantes. El trabajo con el grupo Ranganathan ha supuesto comprobar que podemos realizar procesos participativos y luego contar con la ayuda inestimable y vigorosa de Sagrado Nova, un diseñador de servicios, que ha acompañado la vida de Ranganathan y que nos ha permitido ir más allá, no sólo para dinamizar los encuentros y las sesiones de trabajo, sino para poner en valor el poder de la co-creación con gente que no es del grupo de Ranganathan, pero que pertenece a nuestra comunidad. Este trabajo conjunto es algo que va a durar más allá de Concomitentes.

De estos encuentros conseguís extraer conclusiones que han derivado en un encargo que da paso a la fase de producción artística. ¿Cómo definís ese encargo?

J: Queremos que quede claro que una biblioteca participativa, colaborativa, basada en el hacer puede estar en cualquier parte y quiere estar en cualquier parte. Ese encargo tiene una línea fundamental y es que la biblioteca quiere ir más allá de ese "adentro- afuera" y ser ella la que esté en otros sitios de la facultad, en otros sitios de la universidad, y en otros sitios de la propia ciudad de Madrid. Es decir, partiendo de lo que pensábamos que iba a ser al principio, una intervención dentro de la propia biblioteca, hemos llegado a la conclusión de que esa intervención del artista puede ocurrir en cualquier parte. Yo creo que lo principal de la línea que va a recibir el artista es que lo que ocurra no tiene, de hecho, no va a ocurrir aquí. Somos una biblioteca que se abre, una biblioteca de la dispersión en el buen sentido de la palabra.