Sobre la imposibilidad de narrar la mediación
Fotos de Óscar Romero
Reflexiones desde Quásares
Hay una película de dudosa calidad cinematográfica en la que pienso a menudo cuando me imagino la relación entre lo que sucede en un proceso de mediación y lo que se cuenta sobre lo que sucede. Se trata de Contact.
En esta peli de 1997, la Dra. Ellie Arroway (interpretada por Jodie Foster) es una científica que logra vivir una experiencia extraordinaria de contacto con una civilización extraterrestre tras viajar en una máquina construida a partir de una señal recibida desde el espacio. Sin embargo, al regresar, para los observadores externos el suceso dura solo unos segundos y no existe ninguna prueba directa que confirme su relato. Aunque Arroway asegura haber estado fuera durante muchas horas, sus grabaciones solo muestran una señal estropeada, una especie de lluvia de ruido sin imágenes reconocibles. Esta ausencia de evidencia visible pone en duda su testimonio y la enfrenta al conflicto entre la verdad vivida en primera persona y la imposibilidad de demostrarla científicamente, pese a que los datos técnicos sugieren que algo inexplicable ocurrió. Y es que como se desvela en una de las escenas finales: esa grabación estropeada no duraba segundos, sino un total de 18 horas…
En Quásares decidimos abrir un espacio de contraste con pacientes oncológicas para compartirles los procesos de trabajo que estábamos siguiendo con Adela Angulo y Andrea Morán, las artistas encargadas de diseñar una serie de ilustraciones para desdramatizar el cáncer y un documental sonoro como herramienta de acompañamiento para pacientes. Hemos tenido varias reuniones a lo largo del año y también tenemos un grupo de whatsapp. Al proceso se incorporaron también Óscar Romero, Rocío Mesa y Jorge Castrillo. El primero está haciendo un ensayo fotográfico con las pacientes y las segundas una película documental-experimental.
Bien, el pasado 17 de Octubre tuvimos una sesión. Y fue uno de esos ‘momentos Contact’. A la sesión decidimos pedirles a las pacientes que trajeran a sus ‘quásares’, que en la jerga del proyecto son ‘aquellas personas que cuidan de quien está pasando un cáncer’. Tengo que decir que todas las personas que forman parte de este grupo son mujeres. En un momento dado, desde mi rol de mediador, propuse la sencilla metodología de preguntarnos en voz alta: ¿qué necesita una persona para ser un quásar, alguien que cuida de otra persona que está enferma? La idea era responder a la pregunta en círculo, dando la voz a las pacientes.


Os prometo que lo que viene a continuación no es una estrategia de ocultación para hacer más misterioso el trabajo de la mediación. Es cierto que generar un clima de confianza e intimidad forman parte de mi trabajo habitual en Quásares y que para ello empleo algunas cuestiones evidentes y formales (como repartir la palabra y escuchar sinceramente lo que las pacientes tienen que contar, cosa que por desgracia no parece tan común en los sistemas sanitarios con los que contamos) con otras informales (ser cariñoso, recordar datos personales e interesarme por sus vidas, hacer bromas que les hagan ver que las conozco, etc.). Pero en esta ocasión era solo una pregunta. Todo lo que sucedió a partir de ese momento es de una intensidad emocional que a mi personalmente me resulta casi imposible narrarlo.
Soy capaz de identificar que lo que allí se produjo es valioso por sí mismo. Fue asistir a un acto íntimo de amor entre personas que se quieren mucho. En encarnar con palabras el cuidado sostenido en el tiempo en un momento de máxima fragilidad. Tenemos fotos de la sesión. Y podemos decir esto que estoy diciendo. Pero tal y como vamos liados de tiempo esto simplemente va a hacer ‘check’ en ‘comunicar’ la reunión. Y lo más probable es que a ojos de las personas que no están involucradas eso podría ser el equivalente a una grabación defectuosa. Y es que la comunicación en redes y la mercantilización de nuestro propio trabajo nos ha empujado a eso. Sin embargo este no es un post de lamento sobre las derivas de nuestros algoritmos. Es un post para dejar claro que cuando decimos que durante un proyecto de mediación lo importante es el proceso no es un cliché. Es que suceden cosas muy valiosas que trascienden al proyecto. Que son especiales. Y que son inenarrables.
Salí de la reunión sabiendo que algo importante había pasado pero no fui capaz de contárselo a mis compañeras. Tampoco quería caer en lo que nos pasa a veces en un concierto o el teatro: «es que tendrías que haber estado…». Lo cierto es que me bloqueé entre lo vivido y la forma de narrarlo. Y así me convertí por un momento en la Dra. Arroway, incapaz de probar una experiencia extraordinaria por falta de herramientas que lo documentaran…si no hubiera sido porque en esta sesión también tenemos algo que sí lo demuestra.
Por suerte para quien esté interesada en la mediación, en este proyecto en particular o simplemente que haya llegado hasta aquí leyendo, hay personas con mucha más capacidad que yo para narrar vivencias intensas de una forma bonita, honesta y precisa. Viendo que era incapaz de hacerlo por mi mismo, le pedí a Rocío que lo hiciera. Porque ella estaba allí. Y lo hizo en un audio de 22 minutos. No lo vamos a publicar pero sí se lo podemos enviar a toda persona que quiera escucharlo (escríbenos y te lo pasamos).
Siempre digo que hay proyectos que son delfines, que son capaces de combinar ágilmente estar sumergidos y en zonas no visibles con mostrarse al mundo de forma veloz y ágil. Algunos procesos de mediación son más bien ballenas. Permanecen ocultos durante mucho tiempo, incluso haciendo que nos olvidemos de ellos. Y el día que emergen…son espectaculares. Ya queda menos para ese día en Quásares. Mientras tanto, os dejamos con estos mensajes desde las profundidades del proceso que bien ilustran cómo es la mediación a veces: compleja e inenarrable. Pero muy bonita.
