Schlamm. Las historias de las mujeres se la tragó el escombro de la mina.
Comitentes en la segunda sesión de trabajo. Foto: Alfredo EscapaLas comitentes trabajan sobre la palabra “secuela” y profundizan sobre sus deseos.
En esta ocasión nos reunimos en la biblioteca de Barruelo de Santullán. Mila, una de las comitentes, es la bibliotecaria del pueblo y la biblioteca es un espacio que ella ha creado con mucho cariño. El lugar tiene muchos libros y una gran mesa en un lateral. Es aquí donde hoy trabajaremos. Poco a poco van llegando las comitentes y nos vamos saludando. En el exterior sigue haciendo mucho frío, como en la anterior jornada.
Hoy, al igual que en la anterior jornada, las definiciones de una palabra son el pivote sobre la que girará el inicio del día. En esta ocasión profundizamos en la palabra “secuela”. Mientras debatimos se empieza a vislumbrar la concepción del mundo en dos caras, y se intuye que esto puede acompañar el proceso de trabajo. Las comitentes dicen que las secuelas pueden ser objetivas o subjetivas, físicas o psicológicas, sentimentales o materiales, visibles o invisibles y, debido a la polisemia de la palabra “secuela” en castellano, pueden existir secuelas y precuelas.
Estas dos caras son como las del dios Jano: el dios de los comienzos, las puertas, los umbrales (aquí vuelve a aparecer esa imagen recurrente del primer día) y los finales. Jano es representado con dos caras. Una mira hacia atrás y otra hacia delante, observando los acontecimientos pasados y mirando hacia el futuro. Esta imagen es importante ya que es este proyecto en el que aún estamos en el umbral, con el deseo de profundizar y vislumbrar que nos deparará lo que venga. Además, en nuestros diálogos se ha hablado ya de corresponsabilidad, y para ello debemos mirar tanto hacia el pasado como hacia el futuro. Hacia los legados.
Seguimos trabajando y escribimos sobre la mesa, en un mapa de conceptos, los deseos que tenemos: para mí, para ti, para nosotras y para el territorio. Y después de leer los de todas, comenzamos a jugar. A cambiarlos de localización en ese mapa, de esta manera los deseos propios se transforman en colectivos o territoriales, y los deseos para la persona que tengo junto a mí pasan a convertirse en deseos que otra persona tiene para mí.
Reapropiarse de los deseos individuales de las demás como colectivos y viceversa puede ser un buen ejercicio para comprender la comunidad y comprendernos a nosotras mismas dentro de ella.

Continuamos hablando de esta comunidad. De la de comitentes, y de una que imaginamos para que nos ayude a concluir este proceso, además de otra que ha precedido a las comitentes: la de las mujeres que vivieron en este pueblo. Mujeres que lucharon en un territorio hostil, donde el mito del minero hombre sigue siendo aún hoy en día lo que sostiene el territorio. Mujeres que, a pesar de enviudar con muchos hijos, no sucumbieron y sacaron a su familia adelante. Viudas que murieron recogiendo los desechos de la mina para poder calentarse, porque ya nadie les traía el calor del interior de la tierra.
Tras esta sesión de trabajo, tenemos cada vez más claro que el tema que nos ocupa y nos preocupa tiene muy poco que ver con las heroicidades de las cuencas mineras, y mucho que ver con las historias silenciadas. Como dice Geles, una comitente, con las secuelas que las mujeres han dejado en el territorio.




