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Reflexion 11.03.2021

Cómo legitimar el proceso de creación participativa

Lodds procesos participativos, tan presentes en la concomitancia de Legado Cuidado, suponen un reto en sí mismo: ¿Cómo conectar el potencial de la creación y libertad artística con los deseos y anhelos del entorno en el que estas se desarrollan?



Los procesos participativos, que aúnan voces, generan encuentros en los entornos sociales y dan respuestas a problemas colectivos suponen un reto en sí mismo. La dinámica de mediación que trabaja Concomitentes propone una intervención artística en un contexto social, buscando así una interacción entre arte y sociedad, para conectar el potencial de la creación y libertad artística con los deseos y anhelos del entorno en el que estas se desarrollan.
En este camino, proceso arduo y lleno de dudas, se plantea la pregunta: ¿cómo dotar de legitimidad la decisión de realizar una intervención artística? Habitualmente las intervenciones en el espacio público surgen a raíz de una decisión política. Ahí existe una legitimidad legal, los procesos democráticos delegan esa potestad al poder político. La cuestión es si el poder político además de esa autoridad legal, la potestad, tiene auctoritas, una autoridad moral que se fundamenta en el reconocimiento social que ampara su toma de decisión.
Así en muchos casos se opta por un artista de reconocido prestigio, por considerar que su trayectoria o capacidad intelectual aporta esa legitimidad. Esta sería una versión clásica y legal, pero tiene sus alegaciones. La primera de ellas radica en si el decisor político está capacitado para tomar una decisión de ese estilo, ¿cómo se sustenta ésta? Para disipar la duda se suele crear una comisión técnica que, gracias a su conocimiento experto y a criterios profesionales, propone una solución que luego el representante político valida. Así, empezamos a ampliar el marco de decisión, ya no es solo el político, ahora es un grupo de expertos, pequeño, pero más amplio.
Aquí, de nuevo, emerge la pregunta. En una sociedad exigente, con calidad democrática y conciencia crítica, emerge una pregunta básica de si esa intervención en el espacio público es necesaria, es decir, ¿responde a una necesidad social o a un deseo ciudadano? O, por el contrario, solo contribuye a la mayor gloria del político o del artista. Esta duda de base demuestra la necesidad de ahondar en un deseo inicial que emerge de la esfera social, una demanda primigenia que acciona todo el proceso.
Cuando en el arte contemporáneo se reclama prestar atención al proceso, y no solo al resultado, es por esta cuestión. El proceso dota de mayor legitimidad los resultados, de cómo abre la toma de decisiones o de cómo somete al debate el ejercicio de devolución a la comunidad. El arte es un lugar para la experimentación y para la exploración de dispositivos con los que ensanchar esa posibilidad de escucha. La mediación en el proceso es clave, de ahí la importancia de dotarla de recursos económicos y de concederle el tiempo que requiere esa atención.
La imaginación política es ensanchar la democracia, hacerla más participativa, más inclusiva. La participación política no solo se limita al ejercicio del voto cada cuatro años, hay múltiples mecanismos, desde el asociacionismo y la militancia política, al accionamiento de los procesos participativos. El panorama es amplio, desde trabajar con pequeñas comunidades de interesados/afectados, a impulsar metodologías de investigación - acción - participativas.
Accionar el conjunto de dispositivos para la participación política dota a los propios procesos de una mayor legitimidad. Ese proceso dialéctico, con todo el engranaje de intereses y agentes, es en el que se sustenta la legitimidad, porque la auctoritas es compartida y cada uno, desde su lugar y posición, se corresponsabiliza de respetar la toma de decisión y, sobre todo, de cuidar lo que posteriormente se convierte en legado.
El proceso no está exento de tensiones y dudas, no hay recetas mágicas y, por eso, es importante la generación de espacios que ayuden a compartir alcances o limitaciones. Concomitentes ha ido experimentando con esos espacios dialécticos desde los que profundizar un deseo ciudadano que sustente el encargo artístico. Las cuatro concomitancias están en esa fase, hay un encargo primigenio resultado de un periodo de escucha inicial. Esta etapa genera los cimientos básicos del proceso, porque en ella se responde en gran medida al porqué de la intervención, que de esta forma no es impuesta por la voluntad individual, sino por una colectiva y compartida.
Cada Concomitancia ha ido explorando diversos mecanismos que van desde la fiesta, al diseño experimental de un producto cultural, a jornadas caminadas o encuentros facilitados. A la vez que se generaron esos lugares de encuentro y de toma de decisiones se negociaba con los responsables institucionales de cara a poder materializar ese encargo.
En el caso concreto de #Legadocuidado, proyecto que se desarrolla en el marco del parque del Pasatiempo en Betanzos (A Coruña), el proceso se ha ido articulando desde la pregunta ¿puede una ciudad hacer un encargo artístico?, bajo esta premisa se ha ido explorando el deseo colectivo en forma de investigación-acción-participativa. Se trata entonces de combinar diferentes niveles de escucha y de relación, en definitiva, una gobernanza multinivel que ensancha la legitimidad del proceso, siendo conscientes de que nunca será pura y exenta de conflictos.
De nuevo la potencia está ahí, en el conflicto como accionador de imaginación política.